Como un juguete roto.


A lo largo de mi vida han pasado muchas personas por ella, no tantas como creéis, pero han pasado. Y a día de hoy me he dado cuenta de que solo les serví para usar y, cuando se cansaban de mi, tirar.

Soy como el juguete de un niño pequeño, que cuando se cansa de él lo deja de lado y se va a por otro. Pero lo que esos niños no se dan cuenta es que al fin y al cabo todo el mundo tiene sentimientos; y esos juguetes no iban a ser menos. Da igual que sea una Barbie o un Ken, un osito de peluche o un coche teledirigido; cuando tu lo coges por primera vez, ese juguete esta nuevo, entero, perfecto, impecable, recién salido de fabrica; y con ilusión porque eres su primer dueño (aunque el juguete piense que eres el UNICO que tendrá a lo largo de su vida).  El juguete pasa los mejores días de su vida con él, pero llega un día en que ese niño se cansa de jugar con él y lo deja de lado; también podría tirarlo, si estuviera roto, pero superficialmente esta perfecto aunque interiormente no. (Uno de tres)

Pasan unos meses y ese juguete acaba con otro dueño. Otro niño que piensa que lo tratara mejor y con el que se lo pasara bien. Están más tiempo que con el anterior, aunque no mucho mas, y le pasa lo mismo, le deja de lado. Esta vez el juguete está roto por dentro, pero sabe llevarlo.

Pasan unos días y el primer dueño se da cuenta de que le gustaba “jugar” con ese juguete; pero se da cuenta de que no serviría para mucho y lo vuelve a dejar de lado (dos de tres)

Paso el tiempo y apareció otro posible dueño en su vida; diferente al resto; porque aparenta saber (o hace creer que sabe) que los juguetes tienen sentimientos. Y eso hará que el juguete se encariñe mucho con este dueño; pero a los pocos días se entera de que este niño había tenido un juguete no hacía mucho; y al final decide no jugar con ningún juguete en un tiempo. Nuestro pequeño juguete está roto tanto superficial como interiormente, y se le nota.

Pasara un tiempo largo hasta que parezca que el juguete se recupere superficialmente, porque interiormente NUNCA se recuperara.

Más adelante aparecerá de nuevo el primer dueño, pero se dará cuenta de que realmente no quería jugar con este juguete y lo volverá a dejar. (Dos de tres)

A los pocos días, aparecerá otro dueño con el que le costara encariñarse, y por culpa de ese dueño al que tanto quiso, será nuestro juguete el que deje a este dueño. Aunque le duela, porque sabe cómo se sentirá, es lo mejor, porque como pasase más tiempo sería mucho peor.

Pasara otro tiempo y llegara un nuevo dueño; pero será una persona que nunca se imaginase, una persona que ya conocía y de la que se ha empezado a encariñar; pero es como el resto: usar y tirar; y eso a el juguete le duele también mucho, porque se estaba y está empezando a encariñar mucho con él.

Todos los dueños piensan que para “usar y tirar” es nuestro juguete; y no se dan cuenta de que tiene sentimientos. Y algunas cosas le duelen mucho.

 

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