Yo susurraba su nombre entrecortadamente entre sollozos, tenia al nivel de azúcar muy alto, lo marcaba su aparato, él respiraba fuerte y forzosamente, acurrucado entre mis brazos, caímos ambos al suelo. Deseaba ir a buscar ayuda, correr hasta desgarrarme las piernas, golpear todo lo que se interpusiera en mi camino… pero él no quería, con un hilo de voz me suplicó pasar sus últimos segundos conmigo. Yo no quería, no debían de ser sus últimos segundos, viviría, seguro, déjame ir a buscar ayuda por favor… Agarró mi camiseta con la mayor fuerza que podía mostrar y tosió rudamente, le costaba respirar, temblaba y sudaba, a duras penas me hablaba. Forzando los ojos abiertos y mostrando unos nerviosos sollozos desesperados, a la vez que me mordía el labio sin darme cuenta que me empezaba a sangrar, le supliqué por su vida, que en este caso era doble, porque se encontraba atada a la mía. Cogí aire y solté un grito ahogado de lloros mientras repetía en su frío pecho: ‘no… no… no…’Él, dejando ir su último suspiro, musitó: “Te estaré esperando ahí donde nadie me impida estar contigo, donde mi amor reine por los alrededores, y tu siempre serás mi reina, o como te gusta a ti, mi princesa”. Soltó la última palabra y dejó caer su cabeza por mis brazos. Lloraba, gritaba, le besaba y apretaba su cuerpo contra el mío deseando que nunca hubiera pasado esto, que en cualquier momento despertara, que fuera un sueño… mis lágrimas me echaban la culpa, y solo se me ocurría pagar por ello, no vivir, irme donde él dijo que me esperaba, pero eso no le contentaría, aunque ahora él estaba… Pensé esa palabra y me transmitió sus anteriores temblores a mi cuerpo, tragué saliva y tras un escalofrío de agonía me eché al suelo estremecida, con él todavía entre mis brazos, la lluvia se calaba en mis huesos, y protegía su cuerpo de ésta como si me fuera la vida en ello, en este caso la suya… veía luces de coches pasar a través de la acera de delante el instituto, y empecé a oír chillidos de horror y mi nombre varias veces…me tambaleaban, intentaban levantar, me hablaban, preguntaban… pero espiritualmente no me encontraba en aquella acera húmeda, tenía la mente en alguna cosa, aún no sabía en que, pero no me dejaba volver a la realidad. Tras soportar algunos intentos de brazos que intentaban arrebatarme SU cuerpo, cedí, y caí en un sueño profundo del que no deseaba despertar, sin que estuviera él.

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